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Vivir en Ondarroa (Bizkaia): el pueblo pesquero vasco con el puente de Calatrava donde nació el abuelo de Jacob Elordi

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Pablo Duarte
05 de octubre, 2026 9 min de lectura
Vivir en Ondarroa (Bizkaia): el pueblo pesquero vasco con el puente de Calatrava donde nació el abuelo de Jacob Elordi

Hay una escena que los locales de Ondarroa habrán visto muchas veces pero que al forastero le detiene en seco: el puente de Santiago Calatrava cruzando el estuario del Artibai con esa forma de arco blanco inclinado que parece a punto de saltar al mar, y al fondo las casas apiñadas en la ladera, el puerto lleno de barcos de pesca, la torre medieval asomando entre los tejados. Ondarroa, con poco más de 8.000 habitantes en la costa de Bizkaia, es el tipo de pueblo que existe sin necesidad de ser descubierto, pero que cuando lo descubres te pregunta por qué tardaste tanto.

En junio de 2026, la actriz australiana de raíces vascas Jacob Elordi —el Nate de Euphoria, el Oliver de Saltburn, el protagonista de Priscilla— volvió a estar en boca de los españoles cuando elDiario.es publicó que su abuelo Joaquín Elordi había nacido precisamente aquí, en Ondarroa, antes de emigrar a Australia a cortar caña de azúcar. La historia de los Elordi es también la historia de miles de familias vascas que dejaron este rincón de la Cornisa Cantábrica durante el franquismo y la posguerra rumbo a Argentina, Australia o Estados Unidos. Y que ahora, tres generaciones después, tienen descendientes famosos que no hablan euskera pero llevan apellidos inconfundibles.

Lo que nadie menciona al contar la historia del actor es que Ondarroa es un sitio donde, hoy, puedes comprar un piso por menos de lo que cuesta un estudio en el ensanche de Bilbao.

El Artibai: un estuario con personalidad propia

Ondarroa se construyó donde el río Artibai dobla su último meandro antes de desembocar en el Cantábrico. Esta geografía lo explica todo: el puerto protegido por la ría, las calles que siguen la curva del agua, los edificios que escalan la ladera como pueden, la estrechez del casco histórico que obliga a caminar en fila en algunas calles. El pueblo lleva siglos siendo lo que es: un puerto pesquero con una identidad muy clara.

La conexión con el mar no es decorativa. La lonja de Ondarroa es una de las más activas del Cantábrico. Cada amanecer —en temporada, que va de primavera a otoño— los barcos entran cargados de anchoa, bonito, besugo y chipirones. La subasta en la lonja es un espectáculo en sí mismo, aunque para asistir hay que madrugar de verdad. La anchoa de Ondarroa tiene una reputación que va mucho más allá del País Vasco: es la materia prima que usan algunas de las mejores conserveras del norte de España.

El Día de la Anchoa, celebrado cada año el tercer sábado de mayo, es el gran festival del pueblo. No es un evento para turistas, o no principalmente: es la fiesta de la comunidad pesquera, con concursos de cocina, degustaciones en la calle y el orgullo visible de quienes llevan generaciones viviendo de este pez que se cura en sal y aceite durante meses antes de llegar a la mesa.

El puente de Calatrava: cuando Ondarroa puso al arquitecto en el mapa

En 1994 se inauguró el Puente de Itxas-Aurre —que la gente suele llamar simplemente "el puente de Calatrava"— y Ondarroa se convirtió en el lugar donde el arquitecto valenciano firmó su primer gran proyecto en el País Vasco. Lo que vino después ya es historia del diseño: el aeropuerto de Bilbao, el Zubizuri sobre el Nervión, el puente de la Constitución en Venecia.

El puente de Ondarroa tiene 71,5 metros de longitud y una geometría característica: un arco inclinado de hormigón blanco del que cuelgan los cables de sustentación, con dos niveles de paso (peatonal y rodado) que bajan en ángulo hacia el agua. Visto desde el otro lado de la ría, especialmente a primera hora de la mañana cuando la luz es lateral, es una de las estampas más fotogénicas de la costa vasca.

Lo que a veces se olvida contar es que el puente se construyó para solucionar un problema real: el tráfico que atravesaba el casco histórico y congestionaba las estrechas calles medievales. El resultado fue funcional y bello al mismo tiempo, que es lo que se supone que debe ser la arquitectura.

La Torre de Likona y la madre de San Ignacio

La historia de Ondarroa tiene una conexión inesperada con la Compañía de Jesús. En el casco histórico se conserva la Torre Likona —también escrita Licona—, una torre-palacio del siglo XV que perteneció a la familia de Marina Sáez de Licona y Balda, madre de Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Marina nació en Ondarroa, y aunque vivió la mayor parte de su vida en Azpeitia (Gipuzkoa), su familia vasca tenía aquí su solar.

La torre es uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura civil medieval vasca: muros de sillería gruesos, troneras en los ángulos, una altura que en su momento debía intimidar a los visitantes. Hoy está integrada en el tejido urbano del pueblo de una manera un poco casual —tienes que saber que existe para buscarla—, lo que le da un encanto extra. No hay museo ni entrada; simplemente existe, como parte de la textura histórica de un pueblo que tiene más capas de las que parece.

La Iglesia de Santa María, construida en estilo gótico tardío entre finales del siglo XV y principios del XVI, completa el patrimonio histórico del casco antiguo. Su exterior conserva una serie de figuras talladas en piedra —las que la tradición local llama "los fantasmas"— que son parte del catálogo de bienes patrimoniales de Bizkaia.

Vivir en Ondarroa: lo que dicen los números

Ondarroa no es un destino de moda. Eso, para quien busca vivir bien por menos dinero, es una ventaja.

El precio medio de la vivienda de segunda mano en Ondarroa ronda los 2.086 €/m² (datos de 2025), que es significativamente inferior a la media provincial de Bizkaia (2.923 €/m²) y muy lejos de los precios de Bilbao, Donostia o Vitoria-Gasteiz. Para un piso de 80 metros cuadrados, eso equivale a un precio de adquisición de alrededor de 167.000 €, frente a los más de 230.000 € que costaría el mismo espacio en la capital vizcaína.

El mercado del alquiler en pueblos de esta escala es más opaco —hay pocas transacciones en relación a las capitales—, pero los precios que circulan en los portales sitúan un piso de dos o tres habitaciones en el rango de 700-950 €/mes, dependiendo del estado del inmueble y la distancia al puerto. No es la oferta de Soria o Teruel, pero sí es sustancialmente más barata que Bilbao (donde la misma superficie ronda los 1.300-1.600 €/mes) y con el plus de estar a pie de mar.

La conectividad es el punto que hay que evaluar con cuidado. Ondarroa está a unos 61 kilómetros de Bilbao (aproximadamente 52 minutos por carretera, sin tráfico), que es una distancia asumible para quien trabaja en remoto o hace desplazamientos puntuales. El transporte público conecta el pueblo con Bilbao, Lekeitio y Markina-Xemein a través de la línea de autobús de Bizkaibus, aunque los horarios no están diseñados para el commuter diario. Si tu vida laboral requiere presencia física en Bilbao cinco días a la semana, el cálculo cambia.

Para quien trabaja en remoto o tiene mayor flexibilidad de horarios, Ondarroa ofrece algo difícil de poner precio: vivir en la costa vasca, con sus caseríos, sus pinchos, su lengua y su carácter, a un coste que hace diez años habría parecido imposible.

Qué hay en los alrededores

A menos de 20 kilómetros por la costa en dirección este está Lekeitio, otro pueblo pesquero de perfil más turístico y conocido. Tiene una de las playas más bonitas del Cantábrico (Isuntza) y un casco histórico con más tiendas y restaurantes, lo que lo convierte en complemento natural de Ondarroa para quienes quieran más oferta de ocio cercano sin sacrificar la tranquilidad del pueblo donde viven.

Hacia el interior, Markina-Xemein —el pueblo donde creció el padre de Jacob Elordi antes de emigrar a Australia— está a apenas 15 kilómetros. Es otro municipio de tamaño similar con vida propia, iglesias románicas y fama de ser cuna de pelotaris de primera línea. La comarca del Lea-Artibai, que incluye ambos municipios, tiene servicios de salud, educación y comercio que funcionan razonablemente bien para su escala.

La Costa Basca entre Deba y Lekeitio —el tramo conocido como la Costa Vasca del Geoparque— está declarada Patrimonio de la Humanidad por su estratigrafía geológica, visible en los acantilados que se forman entre el mar y las laderas. Es uno de los paisajes más impresionantes del litoral español, y queda literalmente al lado de la puerta.

La historia que no acaba

El abuelo de Jacob Elordi se fue de Ondarroa con una maleta y sin perspectivas claras. Ochenta años después, su nieto aparece en revistas de todo el mundo y los habitantes del pueblo comparten el artículo del periódico con el orgullo tranquilo de quien sabe que las historias de su tierra viajan lejos aunque el pueblo no cambie demasiado.

Ondarroa no ha cambiado demasiado. Sigue teniendo el puerto, la lonja, el puente de Calatrava, las calles que huelen a salitre y a anchoa en temporada, los bares donde se para a tomar un vino a las doce del mediodía. La diferencia es que ahora, con el trabajo a distancia como posibilidad real, hay gente que llega desde Bilbao o desde Madrid con la pregunta que antes nadie se hacía: ¿y por qué no me quedo?

No hay una respuesta única, pero la matemática es sencilla: 8.060 habitantes, 2.086 €/m², un Calatrava en la ría, y el Cantábrico a diez metros de la última calle del pueblo.


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